Hoy, puede
que sea el hombre más infeliz de todos, he perdido todo lo bueno que solía
tener, todo los que me daba una razón para vivir y ser ese hombre inspirador
como los que se ve en televisión, siempre con una sonrisa en el rostro.
Recordar lo
que alguna vez fuimos, los que pudimos haber sido, nuestras locuras y
ocurrencias, todas esas que día a día hacían un poco más fuerte nuestra relación,
todas esas aventuras cuyo recuerdo nos unía en momentos difíciles, esas que a
pesar del tiempo siempre estaban vivas, vigentes, recordándonos lo que éramos
cuando estábamos juntos, todo eso es lo que ahora me entristece. No cabe en mi
cabeza pensar que ya no estarás a mi lado en todo momento, como siempre lo
estuvimos, pensar qué será de mi vida ahora que no te tengo.
Si Dios me
concediera un solo deseo, ese deseo sería poder volver en el tiempo y evitar
hacer ese daño irreparable que te hice. Sé que no puedo volver en el tiempo, sé
que nada de lo que hoy haga te devolverá esa alegría, y ese brillo intenso que
había en tu rostro cada vez que te veía, mis deseos de vivir han llegado a un punto
en el que ya no tengo la capacidad pensar y decirme “ella no lo es todo”, la
realidad es que tú eres mi todo.
Tu cabello
perfecta y hermosamente desarreglado en las mañanas me decía “ella es hermosa,
consérvala”. Tu manera de ver la vida al sonreír incluso en las peores desgracias
me alentaba cuando ya no podía más. Tu liderazgo y decisión que me arrastraban
contigo a donde fueras.
Eres simplemente
la mujer perfecta, no puedo expresar en palabras todo lo que eres, pero estoy
seguro de que sin ti, sin tu amor, soy simplemente una hormiga más, entre
millones.
Solo me hace
falta una cosa para vivir, y es tu amor. Ahora no tengo porque vivir, por eso
te escribo esta carta, para despedirme y dejar claro lo que nunca te dije. Te veré
desde el infierno, porque estoy seguro de que iras a cielo, y yo al infierno después
de lo que hice. ¡Adiós!
¡Te Amo!