Voces
que no haces suspirar, voces que nos hacen llorar, voces que nos hacen de
alegría y de tristeza gritar.
Esas
voces a las que cada persona les da un tono diferente, y que tienen efecto
diferente en cada uno de nosotros.
Esas
voces, por diferentes que sean, tienen la capacidad de hacernos olvidar,
hacernos amar, hacernos recordar y sobretodo, de hacernos pensar.
Todos
tenemos voces diferentes, todos debemos aprender a usarlas en un proceso que
inicia desde el mismo momento en que nacemos, ya sea con un llanto
ensordecedor, o uno que pasa desapercibido.
A
lo largo de nuestras vidas debemos escuchar muchas voces, unas entran, otras
no, pero siempre hay una voz que con su característica única, hace que nuestros
sentidos vacilen, y que tiene el poder de volvernos unos completos idiotas si
no las tenemos a nuestro lado permanentemente.
Esa
es la voz del amor, una voz sencillamente inolvidable, y absolutamente
necesaria, voz que solo proviene de dos personas: una madre, y el amor
verdadero.
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